Duc in altum - Rema mar adentro
Memoria histórica (9)
Encontramos un testimonio de gran belleza y significado del año 150 sobre la celebración de la Eucaristía, escrito por san Justino, seglar nacido en Palestina, en el actual Nablús, filósofo y mártir de Cristo y dirigido al emperador pagano Antonino Pío y a su hijo Marco Aurelio:
«Participan en la celebración de la Eucaristía los bautizados que confesaron la fe y aceptaron la doctrina y además viven como Cristo mandó. Se reúnen los de la ciudad y los del campo, los domingos, el día llamado del sol. Se leen las Escrituras de los Profetas y de los Apóstoles. Después, cuando ha terminado el lector, el que preside toma la palabra para amonestar y exhortar a la imitación de cosas tan insignes. Después nos levantamos todos a la vez y elevamos nuestras preces por la Iglesia y por el mundo. Nos damos el beso de la paz. Son presentadas las ofrendas de pan, vino y agua al presidente y el celebrante dice sobre ellas la oración consecratoria a la que el pueblo responde «Amén» y después los diáconos distribuyen los dones consagrados entre los presentes y se lleva también a los ausentes. Este alimento se llama entre nosotros Eucaristía. Estas cosas no las tomamos como alimento corriente ni bebida ordinaria, sino que así como el Verbo tuvo verdadera carne, así por la palabra de oración que procede de Cristo, este alimento eucaristizado es la carne y la sangre de aquel Jesús que se encarnó» (Ap. I). El Catecismo de la Iglesia Católica cita también este escrito en su número 1345.
(Del libro He dejado de ir a Misa de A. Climent)
