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San
Antonio Abad fue un joven que tomó en serio el Evangelio y dejándolo
todo se retiró al desierto de Egipto. Vivió 105 años. Creció por
dentro, la oración y la penitencia fueron sus compañeras en estos años.
El se escondió y la gente le buscaba para oír sus consejos. Se
convirtió en Abad, es decir, en Padre. Sin pretenderlo fundó el
monacato de occidente a partir del siglo IV. Tuvo que luchar tenazmente
contra las tentaciones que el demonio le presentaba para apartarle de la
fidelidad que había prometido a Dios. Siempre salió victorioso, el
Diablo no pudo nunca con él. Es patrono de los animales y patrono de
muchísimos pueblos, su devoción está muy extendida por todo el mundo
cristiano. |