El retablo mayor de san Félix de Xàtiva:

Reflexiones sobre su autoría y sus relaciones con la pintura valenciana de 1500

 

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Ximo Company Climent – Lorenzo Hernández Guardiola

 

4.- XÀTIVA Y EL RETABLO DE SANT FELIU

      A caballo entre los siglos XV y XVI, la ciudad de Xàtiva fue centro de gran actividad artística. En ese tiempo, varios maestros pintores cumplimentaron numerosos retablos para sus templos y para otros del territorio vecino. Entre ellos destacaron, sobre todo, los mencionados con los nombres de laboratorio de Maestro de Xàtiva y Maestro de Borbotó, quienes en ocasiones debieron trabajar junto al Maestro de Artés, formando parte de un mismo taller o como artistas asociados y cuyos estilos, en un momento determinado, son bastante afines entre sí.

      Del primero de ellos, el denominado con justa precisión como Maestro de Xàtiva, se conservan numerosas obras en la zona, de fechas cercanas a 1500, que permiten deducir que fue, de los tres, el que mayor actividad desarrolló en la misma, con largas permanencias, por lo que debió en más de una ocasión ser vecino -ignoramos si natural- de la ciudad.
 


Fig. 2: Maestro de Xàtiva.

Predela del retablo de los Gozos de María y Pasión de Cristo. MNAC.
 

 

Uno de los conjuntos en que puede detectarse la común participación de los tres mencionados pintores es el retablo mayor de la iglesia/ermita de Sant Feliu, de considerables dimensiones: casi diez metros de altura por cinco de ancho en la predela, que debió de constituir una de las empresas artísticas más importantes llevadas a cabo en la ciudad de Xàtiva por aquel tiempo.

       Tormo lo fechó a finales del siglo XV, atribuyendo sus veintisiete tablas al "maestro del retablo Perea"; esto es, al Maestro de Perea. (2) Sarthou, a su vez, precisando un poco más, opinó que los pintores de la predela, las polseras y el centro del retablo podrían ser distintos. (3) Post, por su lado, diferencia dos manos, la del Maestro de Artés en el neto y guardapolvo y la del Maestro de Xàtiva en la predela, así como la presencia de otro pintor, el maestro de Borbotó. (4) Por último, González Baldoví en 1992 apuntó la posibilidad de que un tercer pintor llevara a cabo la polsera. (5) Años después, este último investigador reivindicó la presencia del Maestro de Borbotó, que pudo intervenir junto con el de Artés y Xàtiva en el conjunto, propuesta que consideramos la más convincente y que trataremos de demostrar con más detalle. (6)

       Resulta curioso advertir que, siendo el retablo mayor de la iglesia, la única referencia en el mismo a su titular, sea una estatua exenta de San Feliu de Girona, patrón de la ciudad de Xàtiva, vestido de diácono con dalmática, que se localiza en el interior de una hornacina de talla renacentista, a la derecha del espectador. (La otra compañera en el mismo lugar, que representa a San Félix de Lión, presbítero, es obra barroca documentada -1643- del escultor local Antoni Mas, quien parece ser que pintó y restauró la primera). (7) El bulto redondo de San Feliu de Girona, de más de dos metros de altura, es una bella imagen gótica, todavía no lo suficientemente conocida y valorada. Pudo ser incorporada al retablo avanzado el siglo XVI, por lo que en su lugar tal vez pudo haber existido una primigenia tabla del santo titular. A su vez, en el centro de la predela se advierte una pintura del Cristo de la Sangre, obra del siglo XVII, que nada tiene que ver con los orígenes de nuestro retablo.
 


Fig. 3 y 4: Maestro de Xàtiva.

Detalles de la Virgen en la Vía Dolorosa del retablo de Sant Feliu y en la Adoración de los Reyes del MNAC.
 


       Mariano González Baldoví se refiere a la extraña conjunción iconográfica que se advierte en el retablo, "pues mientras en principio debiera estar dedicado a san Félix, en realidad sólo tienen relación con él las dos imágenes de bulto", suponiendo -como ya hemos señalado- que la imagen gótica formara parte del mismo en un principio. (8) La presencia de San Juan Bautista y un pasaje de su vida ("El Bautismo de Cristo") y de San Eloy y uno de sus milagros entre las cuatro tablas principales del neto, condujo a pensar de un modo razonable al mencionado investigador que el conjunto podría estar relacionado con los gremios setabenses que trabajan metales -herreros, cerrajeros, plateros, espaderos y puñaleros-, lo que explicaría la presencia de este último santo, y con el gremio de sogueros, cuyo patrono fue San Juan Bautista y cuyos estatutos fueron aprobados por el Consell de la Ciutat en 1505. La presencia, por otro lado, en los guardapolvos del retablo, de los escudos de la Corona de Aragón y de la ciudad de Xàtiva, le permitió deducir al citado investigador que el retablo que estudiamos pudo ser un encargo de los jurados de la ciudad con posterioridad a 1505 y costeado por los mencionados gremios. (9)
 


Fig. 5 y 6: Maestro de Xàtiva.

Tipos humanos en la Vía Dolorosa del retablo de Sant Feliu y en la Adoración de los Reyes del MNAC.


        No obstante lo afirmado, poco se ha reparado en una noticia que consideramos fundamental, publicada por Luis Cerveró Gomis, de fecha de 11 de febrero de 1494, del testamento de Gilabert de Bellvís, donde consta la donación por parte de éste de cien sueldos para el retablo y la obra que se está haciendo en la iglesia de San Félix de Xàtiva: "Item, vull e man sien donats per anima mía, per caritat, cent sous per obs del retaule e obra de la sglésia de monssenyer Sanct Feliu de la dita ciutat de Xàtiva". (10) El dato es relevante porque nos indica que la actual ermita/iglesia se estaba renovando en la mencionada fecha y que a su vez ya se estaba haciendo su retablo casi con seguridad el que estudiamos.
 


Fig. 7 y 8: Maestro de Xàtiva.

Caballos en la Vía Dolorosa del retablo de Sant Feliu y en la Adoración de los Reyes del MNAC.


         Pero existe además otro dato, inédito hasta la redacción de estas líneas, en que Pere Cabanes, uno de los más serios candidatos (como se verá) a parte de la autoría de este retablo, aparece relacionado con Arcís Sancho, agricultor de Xàtiva, en la pertinente fecha del 26 de agosto de 1496. (11) Aunque es cierto que el contenido de este valioso documento no es de estricto orden pictórico, nos permite relacionar a Pere Cabanes con un personaje de la ciudad de Xàtiva, y a hacerlo en una cronología muy afín a la de 1494, señalada anteriormente (vid. nota 10). Nos sirve, pues, de fehaciente ayuda documental a la hora de sostener la muy probable participación de los Cabanes en el retablo de Sant Feliu.

          Por otro lado, todos estos nuevos datos documentales no invalidan en principio una posible concordancia con la hipótesis cronológica apuntada por González Baldoví. Es decir, podría tratarse de un conjunto que tal vez hubiera sido costeado por distintos comitentes (el tal Gilabert de Bellvís sería uno de los que aportan fondos para el mismo) y no por una sola persona o institución. Se mantiene, pues, la hipótesis de González Baldoví, de que el retablo fuera encomendado por la ciudad, pero se añade la posibilidad de que también hubiera sido sufragado por particulares; se trataría, en definitiva, de una obra de comitencia colectiva. Lo que no parece imprescindible aceptar es que el retablo se hubiera pintado a partir de la aprobación en 1505 de los estatutos de orfebres y sogueros. Perfectamente pudo haberse iniciado antes, pues los mencionados gremios ya funcionarían de antaño.

        En cualquier caso, si la citada noticia de 1494 se refiere realmente, como es de suponer, al retablo mayor de Sant Feliu, debemos deducir que en ese año ya estaba encargado o se pensaba en su inmediata realización, ignorando si se había iniciado ya. Con todo, una obra de tal envergadura, si además era costeada, sufragada, de forma colectiva, pudo tardar varios años en ejecutarse, por lo que fechado en torno a 1500 no sería descabellado. Desde el punto de vista iconográfico, sobre todo lo representado en la predela, se aviene bien a esta fecha, como veremos.

        Desde el punto de vista estilístico, la presencia de la mano de tres maestros (uno de ellos, el más retardatario Maestro de Xàtiva, otro el de Artés, y otro, el de Borbotó, más acorde éste ultimo a la pintura valenciana de los primeros lustros del siglo XVI) no permiten profundizar mucho más en su datación. No obstante se observa en el mismo (en las tablas de la polsera sobre todo) un aire general menos gótico y más cercano en su tratamiento a lo que advertimos en otros conjuntos valencianos de la primera década del siglo XVI. Por ello, quizá esta parte pudo ser pintada después de 1505, como afirma González Baldoví. A la postre, los años transcurridos entre 1494 y 1505 no son tantos para un gran conjunto que quizá se llevara a cabo en varias fases, con posibles interrupciones ocasionadas tal vez por razones económicas.

 

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