El Retablo Mayor de la Iglesia de San Félix:
Espejo de una Época

 

3

 

Volver al índice General

Anterior Siguiente
1 2 3 4
5 6 7 8

 

Lucía González Menéndez

 

Casi un siglo más tarde, en 1735, se lleva a cabo una segunda intervención en el retablo. Lo realizado entonces se detalla escrito sobre el libro que lleva la escultura de san Félix de Lyon: En el año de 1735 siendo clavario de San Feliu Thomas Suarez Texedor se lucieron estos dos santos y así mesmo se renovo el Sto Christo y el docel se hizo nuevo, imagen del Santo Ecce Homo que esta en el Retablo Mayor, y así mesmo se renovaron 3 Retablos que son el de Santa Ana y de Sn Aloi y el de Sn Andrés y pide por caridad le recen Padre Nuestro y Ave María.

 

Es decir, en el siglo XVIII se vuelven a pintar a los dos santos patronos y se modifica el banco del retablo, colocando en el lugar central el lienzo con el Ecce Homo que mana sangre. No sabemos con exactitud que habría en ese lugar, aunque lo más probable es que se tratase de un sagrario.


Vista urbana, detalle de Cristo con la Cruz a cuestas.
 

Por tanto, el retablo de San Félix que llega hasta nosotros ha perdido, al menos en parte, la unidad estilística e iconográfica con que fue concebido, complicándose su comprensión y su lectura actual. En efecto, al observar los temas recogidos en esta obra lo primero que nos asalta es lo heterogéneo de sus motivos. Además de los dos san Félix nos encontramos con otros dos santos, San Juan Bautista y San Eloy, con escenas relacionadas con sus respectivas vidas y con una serie de escenas marianas, además del consabido calvario en el ático.

 

Y sin embargo esta mezcla que aparenta no tener demasiados lazos de unión, debe responder a unos motivos concretos y debe asimismo conducir a una lectura coherente. La iconografía en la Edad Media se rige por unas reglas muy precisas, casi matemáticas, nada se deja al azar. La representación de una escena, de un personaje, obedece a unas normas concretas, formuladas con exactitud en textos y repertorios que se transmiten de taller en taller y de generación en generación y que dejan nulo margen a la improvisación. No será hasta bien entrado el Renacimiento cuando los artistas se liberen de las férreas tradiciones de las fuentes literarias y se atrevan a experimentar y a introducir innovaciones propias en los rígidos esquemas iconográficos.

 

Como apunta González Baldoví,  (5) son precisamente las tablas relacionadas con los dos santos, San Eloy y San Juan Bautista, las que nos proporcionan la clave iconográfica del retablo. Sabemos que en el siglo XVII la iglesia de san Félix estaba a cargo del gremio de los herreros, lo que nos lleva a suponer que esta relación hubo de originarse mucho antes. San Eloy es patrón de todos aquellos oficios relacionados con los metales, entre los que se encuentran el gremio de los herreros, protección realzada también por la elección del episodio representado de la vida del santo: San Eloy herrando la pata cortada de un caballo. Por su parte, San Juan Bautista era patrono del gremio de los sogueros y sabemos que en año 1505 el Consell de la ciudad aprueba los estatutos de dicho gremio.


María Magdalena, detalle de la Lamentación ante Cristo muerto.
 

La presencia de ambos santos nos lleva a suponer que debieron ser ambos gremios los responsables del encargo del retablo, lo que explica la presencia de sus respectivos patronos en los lugares preferentes del conjunto. No se han encontrado documentos que certifiquen este mecenazgo, pero la hipótesis se apoya en el hecho de que el templo era propiedad de la ciudad, por lo que es lógico que su retablo mayor fuese una empresa municipal, dato que también se corrobora por la presencia en el mismo del escudo de la ciudad de Xàtiva.

 

Tenemos pues un retablo mayor costeado por dos importantes gremios artesanales, lo que nos prueba el poder de la burguesía en la Xàtiva de 1500 y nos habla de una ciudad joven, con un artesanado dinámico que costea el altar mayor de uno de sus templos principales. En la Edad Media es frecuente la práctica de costear capillas, retablos o imágenes como expresión de devoción y generosidad, pero también como afirmación del poder. No nos sorprende que sean reyes, príncipes, ordenes religiosas o cabildos los autores de estas prácticas, pero no es hasta bien entrado el siglo XV, cuando las ciudades se han convertido en centros de poder y los artesanos se asocian en gremios y corporaciones con peso en la vida municipal, cuando se generalice esta práctica y sea frecuente el mecenazgo de obras de arte. El retablo mayor de san Félix es un excelente ejemplo de esta práctica: no sólo su existencia, sino también otros aspectos como su tamaño o su calidad artística, nos hablan de la solvencia e importancia de las corporaciones que lo costean.


San Pedro
 

No obstante este doble patronazgo, es probable que el retablo respetara desde el principio la advocación del templo, por lo que la imagen de san Félix de Girona, cronológicamente anterior al retablo, pudo estar ubicada en su espacio central. Y las escenas marianas se explicarían desde una lectura devocional, que escoge escenas muy conocidas y cargadas de simbolismo y afecto para los fieles. El calvario en el ático, las escenas de la Pasión en el banco o predela y los santos de repertorio en la polsera obedecen a reglas muy precisas y reiteradas en prácticamente la totalidad de los retablos góticos.

 

3.1 PREDELA

 

La representación del ciclo de la Pasión en el banco o predela del retablo es una práctica que se torna habitual a partir del siglo XIV y que en modo alguno se circunscribe a la pintura valenciana, sino que es una manifestación más del cambio que experimentó la espiritualidad -y consecuentemente las manifestaciones artísticas- en la Baja Edad Media. Entre los muchos factores responsables de este significativo cambio hay que citar obras como las Meditaciones del Pseudo-Buenaventura y las Revelaciones de Santa Brígida, textos que alcanzaron una enorme difusión y contribuyeron a modificar el sentimiento religioso de su tiempo. Pero sin duda hubo aspectos más determinantes, como las grandes pestes o la guerra de los Cien años, circunstancias que por fuerza tuvieron que influir profundamente en quienes las padecieron. En palabras de Santiago Sebastián, esta tendencia hacia el patetismo se advierte en la espiritualidad desde la segunda mitad del siglo XlV, tal vez como consecuencia de las duras pruebas que sufrieron los cristianos de Occidente. De ahí su obsesión por las Postrimerías. Y también de ahí el recuerdo constante de la Pasión".(6)

 

Las nuevas iconografías derivadas de este cambio en la espiritualidad encajaron particularmente bien en la pintura de los países del Norte, y entre todas ellas cobran un notorio protagonismo todas aquellas escenas relacionadas con el calvario de Cristo. El acusado realismo y la minuciosidad en la representación del detalle propios de la pintura flamenca se prestaba a la plasmación del dramatismo propio de esta nueva visión del mundo.

 

Por lo que respecta a la Pasión de Cristo, su representación como un ciclo de escenas consecutivas se ajusta perfectamente al formato del banco sobre el que apoya el retablo. Además, la habitual inclusión en el centro de dicho banco del sagrario que contiene los elementos de la Eucaristía encaja simbólicamente con la representación del sufrimiento y la muerte de Cristo en la cruz. Este simbolismo es particularmente patente en el caso valenciano, como afirma Santiago Sebastián: Lo singular del retablo valenciano es la vinculación que establece entre el Crucificado y los sacramentos, y su explicación parece hallarse en la Suma Teológica (3 q 61 a 1) cuando dice: "La Pasión de Cristo es causa suficiente para salvar al hombre", y ello se consigue por medio de los sacramentos, ya que dan al hombre los "auxilios divinos para la salvación de una manera apropiada, bajo signos corporales sensibles”. (7)      


San Pablo
 

La predela con escenas de la Pasión se convierte, pues, en una constante en el arte valenciano de la Edad Media, y se mantendrá durante el Renacimiento, aunque ya con una mayor flexibilidad en la elección de los temas y en la forma de representados. Es habitual encontrar ciclos de la Pasión en las predelas, sobre todo en los grandes retablos mayores. La otra opción habitual para el banco del retablo es sustituir el ciclo por una imagen central de "Cristo varón de los dolores", flanqueada por diferentes efigies de santos. Es una elección más sencilla y de menor coste, ya que la representación del ciclo de la Pasión incluye un gran número de personajes y composiciones más complejas. Por ello, es una opción que se suele reservar para aquellas obras más ambiciosas, fundamentalmente algunos retablos mayores, como pueden ser la magnifica predela del Retablo de la Santa Cena de la Catedral de Segorbe, obra de Joan Reixach o, ejemplo más cercano en la misma Xàtiva, el retablo de Guerau de Castellvert de la Iglesia de San Pedro, obra atribuida también al Maestro de Xàtiva.        

 

Volver al índice General
Anterior Siguiente
1 2 3 4
5 6 7 8

 

Subir