El Retablo Mayor de la Iglesia de San Félix:
Espejo de una Época

 

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Lucía González Menéndez

 

En la predela del retablo mayor de san Félix se representan las seis escenas más habituales del ciclo, flanqueadas por las efigies de san Pedro y san Pablo caracterizados con su iconografía habitual y con los atributos que les son propios, la llave y la espada respectivamente. Acorde con el estilo hispanoflamenco de su artífice, el Maestro de Xàtiva, las escenas están concebidas con multitud de personajes que dan lugar a complejas composiciones y que están tratados con minuciosidad. Impera en todas ellas un acusado sentido narrativo y una recreación en la representación del detalle y de lo anecdótico propios del estilo de este desconocido pintor que trabaja en Xàtiva entre el siglo XV y XVI.


Oración en el Huerto
 

La Oración en el huerto es muy frecuentemente la escena inicial del ciclo, aunque siendo rigurosos con los textos evangélicos, el ciclo de la Pasión comienza con la "Entrada en Jerusalén". No obstante, en los retablos valencianos de la época es habitual el inicio del ciclo con esta escena, muy afín al espíritu gótico por el contraste dramático entre el sufrimiento de Cristo ante el padecimiento que le anuncia el ángel y la despreocupación de los apóstoles dormidos.

 

En esta tabla el Maestro de Xàtiva sigue esquemas habituales en la pintura de estilo hispanoflamenco, reuniendo en una misma escena tres episodios: Jesús orando junto a sus discípulos dormidos, Jesús reconfortado por un ángel y la traición de Judas, que aparece con la aureola negra y el manto amarillo que lo identifican junto a la puerta del huerto guiando al pelotón de soldados.


Apóstoles dormidos, detalle  de la Oración en el Huerto.
 

El escenario es un espacio vallado con una puerta abierta cuyo camino conduce a la ciudad de Jerusalén. Esta localización, que no aparece en el retablo de Guerau de Castellvert, donde Cristo aparece en un espacio abierto, nos remite a la predela del Retablo de la Santa Cena de Segorbe, obra de Reixach, donde vemos una disposición espacial similar y en donde los apóstoles dormidos se dividen en dos grupos, en un primer plano Pedro, Santiago y Juan y al fondo el resto.

 

Un elemento iconográfico poco frecuente es el sudario que le ofrece el ángel a Cristo y que se aleja de los símbolos de la Pasión que habitualmente se utilizan en esa escena, como el cáliz o la cruz. Es un elemento que también aparece en el retablo de Guerau de Castellvert y en el retablo de la Transfiguración del Museo de Xàtiva, lo que nos lleva a pensar que pudiera tratarse de una particularidad iconográfica de los artistas que trabajan en Xàtiva.

 

La segunda escena del ciclo es el Beso de Judas, la indicación para que el grupo armado aprese a Jesús. La escena aparece descrita en los cuatro evangelios, siendo el de san Juan el único que no menciona la señal del beso. El Maestro de Xàtiva sitúa a las figuras centrales, Judas y Jesús, rodeados de una multitud de soldados. A Judas se le representa pelirrojo y vestido de amarillo, color simbólico del judío y del traidor. Sobre su cabeza lleva nimbo negro.      


Beso de Judas
 

En primer termino se incluye el episodio de Pedro cortando la oreja a Maleo. Es un incidente que nunca falta en la representación de esta escena y que pone de manifiesto el contraste entre la actitud de aceptación con que Jesús se enfrenta a su destino y la ira de Pedro, que se lanza a cortar la oreja del criado del sumo sacerdote, portador de una linterna con la que alumbraba a los soldados y que ahora yace a los pies de Cristo.

 

En esta segunda escena se mantienen los elementos indicadores del escenario en el que se desarrolla la escena, como la empalizada y la puerta del huerto, a través de la que no cesan de llegar los soldados que serpentean el camino. Un elemento menos frecuente es la inclusión de san Juan, en alusión al episodio de la huida de los discípulos, cuando uno de ellos -a quien algunas fuentes identifican con Juan-, lo hizo desnudo tras serle arrebatado el manto por uno de los soldados.       


Flagelación
 

Cristo ante Pilato es la tercera escena de la predela. Los evangelios no son unánimes en la descripción del proceso de Cristo que tiene lugar tras su apresamiento en el huerto de Getsemaní, citándose cuatro comparecencias ante diferentes jueces. La iconografía más habitual resume el proceso en la comparecencia ante Poncio Pilato, gobernador de Judea. El Maestro de Xàtiva elige también este episodio, con Pilato sentado en el estrado y rodeado de los ancianos judíos instigadores del proceso.

 

La cuarta escena del ciclo es la Flagelación ordenada por Poncio Pilato y mencionada en los cuatro evangelios. En la tabla Cristo está atado a una columna de capitel corintio mientras sus verdugos lo azotan y una multitud de soldados y ancianos lo contemplan. La presencia de abundantes personajes es propia de la iconografía bajo medieval, que paulatinamente irá depurando el número de asistentes hasta terminar en el Renacimiento centrándose en el cuerpo herido de Cristo atado a la columna.        


Cristo ante Pilato
 

Cristo con la cruz a cuestas es la penúltima escena del ciclo. Este episodio, conocido también como "Camino del Calvario", representa el recorrido que realiza Cristo desde la casa de Pilato, donde había sido azotado, hasta el Gólgota, donde será crucificado. En la tabla de san Félix, Cristo aparece doblegado por el peso de la cruz, símbolo de la carga que el cristiano lleva a lo largo de su vida, al tiempo que soldados romanos le zarandean obligándole a seguir. Junto a él se encuentran María Magdalena y san Juan y la Virgen medio desvanecida, personajes que no aparecen en el relato evangélico, procediendo de los apócrifos, que relatan como la Virgen, conducida y sostenida por el apóstol Juan, presencia el paso de la comitiva y viendo a su hijo doblegado por la cruz, se desmaya. El dramatismo del dolor de María como madre hizo que este episodio fuese ganando protagonismo y de escena secundaria pasó con el tiempo a convertirse en la principal.


Cristo con la Cruz a cuestas
 

La Piedad o Lamentación ante Cristo muerto se sitúa entre el Descendimiento de la Cruz y el Santo Entierro y aunque es un tema que no aparece en los Evangelios, su representación se populariza desde muy pronto, siendo habitual su presencia como punto final del ciclo de la Pasión. Su origen debemos buscado en la pintura flamenca, siendo probable que fuera Luis Alimbrot -pintor flamenco afincado en Valencia- su introductor en tierras valencianas. (8) Es rara su presencia antes de mediados del siglo XV, por lo que su aparición parece estar estrechamente vinculada a la penetración de la corriente hispanoflamenca en nuestro territorio.

 

Se trata de una escena cargada de patetismo, al igual que el resto de las que componen el ciclo de la Pasión, pero además en este caso se aúna una fuerte dosis de sentimiento y empatía al ponerse de manifiesto el dolor de la madre, con el que los fieles podían identificarse fácilmente. El cuerpo de Cristo se representa recostado en las rodillas de la Virgen, como es habitual en esta iconografía de procedencia flamenca que veremos evolucionar a lo largo del siglo XVI, pasando a representarse a Cristo echado en el suelo sobre una mortaja, con únicamente la cabeza apoyada en el regazo de la Virgen, que será el modelo que consagró la Contrarreforma.


Lamentación ante Cristo muerto
 

La Piedad del retablo mayor de san Félix sigue la tónica del resto de la predela y presenta abundantes personajes. Así, además de Cristo, la Virgen, san Juan y María Magdalena aparecen las hermanas de la Virgen, María Cleofás y María Salomé y al fondo, a ambos lados de la Cruz, los santos varones que habían ayudado en el Descendimiento, encabezados por José de Arimatea y Nicodemo.

 

No podemos finalizar el apartado referido a la predela sin hacer una referencia al lienzo incorporado en el siglo XVIII, en probable sustitución del sagrario. Desconocemos la razón por la que éste se sustituyó, pero desde el punto de vista iconográfico es absolutamente coherente el lienzo que se destina a ocupar su lugar: la representación de Cristo como "fuente mística". Se trata de una extrapolación del tema de "Cristo varón de dolores", tema que desde el siglo XV es habitual situar en el espacio central de la predela como símbolo eucarístico. La representación de Cristo como fuente tiene un fundamento místico al asociar la sangre que mana del cuerpo de Cristo con el agua de la vida, tal como refiere el texto del Apocalipsis XXI, 6: Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida. Así, esa agua de la vida se identifica con la sangre de Cristo, que es a su vez símbolo de la Eucaristía.


Cristo como "Fuente Mística"
 

 

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