(31) Una vida muy distinta para Adela Soldevila

Supo adaptarse a los tiempos nuevos, a acoger siempre en casa, no sólo a sus hijos, sino a los amigos de sus hijos aunque las ideas no coincidieran con las suyas. Siempre les decía lo que ella pensaba, tan bien dicho que se lo aceptaban, la querían y la respetaban. Lo cual a mí me agradaba mucho pues siempre creaba un ambiente de cordialidad, fraternidad y acogida. La gente se encontraba a gusto en nuestra casa y todo se debía a nuestra madre que sabía crear ese ambiente.

Otra cosa que hizo en beneficio de la familia fue reducir los gastos que le ocasionaban los hijos que estaban estudiando en Valencia y que residían en Colegios Mayores y Residencias, para lo cual aún costándole sacrificios, se trasladó al piso que teníamos en Valencia y los llevó a todos con ella. Se multiplicaba yendo y viniendo pues aquí en Xàtiva habíamos quedado otros, que aunque ya no necesitábamos de sus cuidados, sí de su presencia y consejos. También quedaba su hermana y su tía Adela, a las que quería mucho, sobre todo a ésta última porque estaba muy enferma. Cuando ésta falleció sus viajes fueron reduciéndose.

La Sierva de Dios Adela más de una vez había dicho que su esposo había consagrado su vida al Señor y a su familia, demostrando a través de su vida una gran religiosidad, amor y comprensión hacia la persona necesitada. Junto a su esposo, Adela permaneció muy oculta, ahora, cuando el Siervo de Dios ha muerto y
ella queda sola, es cuando la maravilla de su vida interior saldrá a flote, la sombra de don Manuel ya no está y le toca a ella trabajar apostólicamente siguiendo la línea iniciada por su marido.

Adela arropaba una vida de perfección cristiana humilde, sencilla, oculta; era la característica de doña Adela. Quienes la conocieron me dicen que su vida interior era muy profunda, enamorada plenamente de Cristo, entregada a las labores parroquiales y apostólicas, la caridad, el amor, el trabajo por los demás, pasando haciendo el bien entre las gentes de Xàtiva. Ella vivió con plenitud el don reservado a los sencillos del Evangelio y supo degustar la sabiduría del Espíritu Santo en su alma.

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